Estaba en México dando una conferencia y fuimos a un restaurante a compartir con algunas personas. Al terminar, un joven que estaba con nosotros me dijo: “Pastor, ¿puedo hablar con usted?” “Claro, ¿en qué puedo ayudarlo?” Me llevó a un lado y me dijo: “Pastor, es que me siento miserable. Le he fallado al Señor, mis pensamientos, mis deseos, la carne, el ambiente en el que estoy me está tomando ventaja y siento que no tengo las fuerzas para hacer frente al enemigo”.

Yo le dije: “Lo suyo es muy sencillo, debe recibir la revelación acerca del poder de la Sangre de Jesús, allí se encuentra su liberación. Cuando llegue a su casa doble sus rodillas y póstrese a los pies del Señor. Hágalo como aquella mujer que cuando entró a la casa de Simón el fariseo se postró a los pies de Jesús y aferrándose a ellos comenzó a llorar y llorar sobre ellos; luego los secó con sus cabellos y no cesaba de besarlos. Aquel día el Señor le dijo: “Porque has amado mucho, tus muchos pecados te son perdonados”. Tenga en cuenta que es el diablo quien quiere que usted se sienta miserable”.

Aquella noche, el joven hizo esa oración y cuando lo vi al día siguiente tenía otro semblante, había paz, sus pecados habían sido perdonados.

Su mente es una riqueza, un tesoro, no permita que el enemigo lo bombardee con pensamientos destructivos y negativos; son éstos los que debilitan el hombre interior y no le permiten avanzar. Que hoy Dios sea la fuente de su fortaleza y confianza. Aparte un tiempo de intimidad con el Señor y sentirá como su alma se restaura.

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24 SEPTIEMBRE · PROTEJA SU MENTE Y PURIFICARÁ SU CORAZÓN

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