“He aquí, aunque él me matare, en él esperaré” (Job 13:15).

Recordemos que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza; sin embargo, el Señor quiso probar si el hombre tendría la capacidad de obedecer o no Su palabra. Cuando el hombre se desconectó de la palabra de Dios incurrió en pecado.

La palabra pecado en griego es «hamartía», que significa: “La saeta que erró el blanco”. Y su objetivo de llegar a una perfecta relación con Dios, fue prácticamente interrumpido. Razón por la cual cuando el adversario se presentó ante Dios para acusar a Job, el Señor le dijo: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8). Para satanás, esto era inaceptable, porque alguien que erró el blanco jamás podría llegar a la perfección. Razón por la cual dijo: “¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia”. (Job 1:9-11).

Dios permitió que el adversario atacara a Job, no obstante, el Señor uso esta adversidad para llevar a Job a un genuino arrepentimiento. En medio de la prueba Job le dijo a sus amigos: “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré”. Aquello que le dio fin a la adversidad fue su genuino arrepentimiento, como el mismo lo expresó: “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza”. (Job 42:5·6).

Gracias a Dios que Jesús, su único hijo, no erró el blanco, sino que se mantuvo fiel a la palabra de Dios y enfocado en su misión. Como lo expresó el escritor a los hebreos cuando dijo: “Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos”.

Por medio de la fe en Jesús es que adquirimos su ADN y es así como somos incorporados dentro de la familia de Dios. Recuerde que también podemos pedirle al Señor que no nos deje caer en la tentación, “para no errar el blanco”, y que de igual manera nos guarde del mal.

declaracion24nov

verso24nov

temasoracion6sept

24 NOVIEMBRE · EL ESPÍRITU DE LOS VENCEDORES

|

814 comentarios