“Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” (Rut 1:16).

Rut conocía bien a Noemí, por años estuvo observando a esta mujer que servía a un Dios vivo. Siempre le dio testimonio, pues a pesar de las difíciles pruebas por las que le tocó atravesar, nunca la vio protestar o perder su postura, sino que siempre fue una mujer equilibrada frente al dolor y al tomar sus decisiones.

Llegó el momento cuando Rut debió elegir si continuaba junto a su suegra, quien lo había perdido todo, o si regresaba a su tierra de Moab, donde debía someterse al paganismo que se practicaba en su nación. Además de las pruebas vividas como familia, ella había conocido al Dios de Noemí y aunque ésta le insistió para que regresara a su tierra, Rut se mantuvo firme en su decisión de permanecer a su lado. No quería perder tan valiosa amistad, ni el privilegio de ser parte del pueblo de Dios.

Noemí había determinado librar su adversidad y su aflicción ella misma, sin tener que involucrar a sus nueras, pues humanamente no veía un futuro claro para ninguna de ellas y por esto las motivó a rehacer sus vidas en su propia tierra, pues allí tendrían más oportunidades para lograrlo. La vida de Noemí había sufrido un fuerte cambio, pues las cosas ya no eran como al comienzo; después de diez años de haber compartido con sus nueras, sentía que ya no tenía nada para ofrecerles. No tenía marido, ni hijos, ni bienes materiales, por tal motivo les pidió que se quedaran en su tierra.

Aunque Orfa lo hizo, Rut, reaccionó de una manera diferente. Ella había quedado impactada por la vida de Noemí, pues vio su firmeza en medio de la prueba, y aunque ésta no tenía más hijos para ofrecerle, Rut lo comprendió, pero igual quiso quedarse a su lado pues anhela ser como ella; deseaba ir dónde Noemí fuera, vivir como ella vivía, ser parte del pueblo al que ella pertenecía y adorar al Dios que ella adoraba.

La decisión que tomó Rut fue determinante, no sólo fue de palabra sino que ella actuó de acuerdo con lo que había en su corazón. Nadie puede ser fiel si sólo está obedeciendo una orden que se le da; la fidelidad nunca viene por imposición; ser fiel es una decisión que nace de acuerdo con lo que se encuentra en el corazón. Hay momentos cruciales en la vida que permiten que seamos probados y hallados fieles, o no.

Rut fue hallada fiel y Dios la recompensó trayendo bendición sobre abundante, le entregó un nueva familia, algo que ella no esperaba volver a tener.

La fidelidad es una determinación, tal como lo expresó Rut, donde pidió el juicio de Dios sobre su vida si llegaba a quebrantar el pacto de fidelidad con Noemí (Rut 1:17).

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24 MAYO · RESPALDE A SU LÍDER

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