24 DE DICIEMBRE · PASTOREADOS EN AMOR

Mi nombre es Miguel Ángel. Nací y crecí en una hermosa ciudad a orillas del cantábrico, en España. Tras el fallecimiento de mi madre a la edad de 37 años, a causa de una leucemia, la vida se tornó cuesta arriba. Siendo un niño me aferré a la vida para no hundirme. Con todo, no podía evitar que cientos de preguntas se acumularan sobre mí acerca de innumerables asuntos de la vida.

El tiempo pasó y trajo consigo la adolescencia y la juventud. Con ellas se incrementó el sentimiento de vacío y soledad. Pese a que mi cabeza andaba bien ocupada en los estudios, un espíritu de tristeza me empujaba imparable hacia un callejón sin salida. Pese a ser creyente -a mi manera-, mi fe no contaba con la solidez suficiente para sostener mi dolor y proporcionar respuestas a mis inquietudes. Como la mayoría, creía en ese Dios, oído en las iglesias e impuesto en las escuelas.

A la edad de quince años llegué al límite. Fue entonces cuando alguien me habló de ese Jesús al cual yo creía conocer, pero al que solo relacionaba con religión. Acepté conocer a un grupo de jóvenes cristianos cuyas vidas resultaban ser bien distintas a la mía, pero poseían una alegría y una paz interior extraordinarias, justo lo que llevaba años persiguiendo. Conocer a Jesús y descubrir que nada tenía que ver con religión, transformó mi mundo, mi visión y mi misión.

Procurando calmar mi sed, acabé bebiendo de muchas fuentes, pero sus aguas resultaron ser turbias y amargas como la hiel. Al final, solo en el Jesús que revelan los evangelios pude saciar la sed de mi alma y hallar respuestas a mis interrogantes. Necesité abandonar mis prejuicios y mis malas actitudes para sumergirme en el océano del amor de Dios. Solo así pude hallar la paz interior que proporciona Aquel que nos creó y amó desde el principio.

Testimonio Miguel Ángel, Barcelona

 declaracion24dic verso24dic