Dios ha puesto en nuestra boca la autoridad para desatar vida o para traer muerte, para bendecir o para maldecir; nuestras palabras o edifican o derriban, animan o desalientan. Nuestras palabras se convierten en una profecía; son el camino que la persona traza, sobre el cual tanto ella como su familia tendrán que andar, y si expresa alguna palabra negativa, a través de ella ha trazado la ruta del destino de su familia o de sus generaciones.

Dios nos dio el gran privilegio de cambiar todas las circunstancias adversas en un fértil terreno de bendición a través de nuestras palabras. Con ellas podemos desmontar el tobogán que nos llevaba a las profundidades del infierno y construir la escalera que nos llevará a la gloria eterna.

Salomón dijo: “Te has enlazado en los dichos de tu boca, has quedado preso en lo que tú has dicho con tus labios” (Proverbios 6:2). Conforme a sus palabras acontecerá con su vida. Algo que muchos no han entendido es la importancia de bendecir; la palabra “bendecir” significa “decir bien”. “Beraca” es un vocablo hebreo que significa “desear el bien a otra persona”.

Con nuestras palabras podemos elogiar, halagar, motivar, etc.; Esto es más beneficioso que regañar, criticar, avergonzar, etc.

Cuando Dios creó la primera pareja, los llamó y les dio tres bendiciones. “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:28).

La primera bendición estuvo dirigida al fruto de ellos. Dios les estaba diciendo que en todo lo que hicieran, habría fruto, que su trabajo no sería en vano. En el matrimonio, el fruto se representaría en los hijos; en el campo, el fruto se vería en las cosechas; en la ganadería, el fruto se vería en el aumento del rebaño, etc. En su época, el Apóstol Pablo motivó a los cristianos de Roma a que tuvieran como fruto la santificación, pues conduce a la vida eterna (Romanos 6:22).

La segunda bendición fue la multiplicación, y depende en gran manera de la primera. En la fructificación, Dios está poniendo a prueba nuestra fidelidad. Si somos fieles en lo poco, Dios nos confiará lo mucho, y parte de esa fidelidad depende de la manera como nos relacionemos con Él. Dios puede bendecir en un solo instante una vida, una familia o un ministerio, si se mantiene fiel a Dios y Su Palabra.

La tercera bendición es la autoridad. La primera pareja era la que tenía dominio sobre la creación y no la creación sobre el hombre. Sabemos que a causa del pecado, el hombre pasó de la autoridad a la esclavitud.

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23 SEPTIEMBRE · SI CAMBIA SU MANERA DE HABLAR, CAMBIARÁ SU MANERA DE VIVIR

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