Cualquiera puede ser víctima de la maldición al ignorar lo que Dios tiene para nosotros. El Señor Jesús estaba enseñando a Sus discípulos a orar e incluyó esta frase en la oración: “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Mateo 6:13), dando a entender que la llave que abre la puerta para que la maldición entre es el ceder a la tentación. La estrategia del pecado es alejar de Dios a la persona para ejercer control sobre ella.

El Señor Jesús dejó a nuestro alcance la bendición que nos protege de caer en la trampa del adversario. La maldición se compara con el abismo, las tinieblas, la enfermedad, la inmundicia en sus diferentes manifestaciones, la pérdida de identidad, la miseria, el abandono, etc.

Las bendiciones de Dios son representadas en la provisión abundante, la salud, la autoridad, la capacidad de dirigirnos hacia el bien, Dios guardará nuestras generaciones; la bendición nos da la capacidad de compartir con otros la abundancia que Él nos ha dado. Todo esto podemos recibirlo si escuchamos Su voz, guardamos Su Palabra y la ponemos en práctica.

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23 JUNIO · ESPERANZA DIVINA

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