Todo transcurrió tan rápido, sentía que me quedaban pocos segundos de vida. Había sido víctima de un ataque callejero, en el cual un delincuente me había enterrado un puñal en el tórax, después de esto me arrebató la Biblia y salió huyendo. Sentía como mi vida se apagaba, aunque luchaba contra la muerte sentía que no tenía control sobre ella.

Después de haber corrido una cuadra, me desplomé completamente muerto. Inmediatamente me encontré rodeado de ángeles que me llevaban a la presencia del Padre Celestial. La sensación fue muy agradable, pude experimentar un gozo que sobrepasa el entendimiento. Todo transcurría en medio de mucha paz, hasta que entendí mi situación. Comprendí que estaba muerto y que me dirigía a encontrarme con el Señor.

En ese instante el temor se apoderó de mí, sentía que tenía mis manos vacías, no había hecho mayor cosa para Dios. Llevaba cinco años predicando y ganando almas, pero de todo el trabajo realizado, habría conquistado tan sólo unas cincuenta personas que permanecían firmes en su fe; por eso me parecía tener las manos vacías. Clame con todo mi corazón por una segunda oportunidad, pues sentía que aún no había culminado mi misión. El Señor escuchó mi oración, y permitió que volviera a la vida.

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23 AGOSTO · REDIMIR EL TIEMPO

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