23 DE JULIO · SED DE AMOR

Kathryn Kuhlman dijo: “No pude contener las lágrimas al contemplar el precioso bordado que esta mujer de Canadá me había entregado. Cada puntada es un acto de amor, porque había sido dada por manos que alguna vez estuvieron dobladas y deformadas por la artritis. La Sra. Bergeron, que vive en Ottawa, Canadá, es una mujer de 68 años de edad, que durante 22 años había sufrido de artritis paralizante, tan grave que no podía mantenerse en pie durante más de 10 minutos”.

Y esta es parte de la experiencia que Marguerite Bergeron vivió en un autobús que la llevó a Pittsburg:

La señora Phillips, quien era la coordinadora del grupo en el Bus en que viajábamos, era tan dulce tan paciente y comprensiva, especialmente conmigo, aunque la llamé seis o siete veces para preguntarle cosas. Luego de otra de mis preguntas, ella se arrodilló junto y me dijo: “Dios puede sanarte, simplemente confía en él. Recuesta la silla y deja que el espíritu Santo te ministre”. Comencé a relajarme un poco aunque no estaba segura de quién era el Espíritu Santo.

Después de cruzar el límite y entrar a los Estados Unidos, me dormí. No sé por cuánto tiempo dormí; todavía estaba a medio despertar cuando al moverme vi mis pies. De alguna forma mientras dormía, había puesto un pie encima del otro. ¡No podía ser! Hacia años que no podía cruzar las piernas.

Parpadeé y miré otra vez. Tenía los tobillos cruzados. Y lo más notable… no sentía ningún dolor. “¿Que está sucediendo? Exclame”. Entonces miré mis manos. Los dedos, que habían estado rígidos y doblados, se están enderezando. Ya no sentía dolor allí tampoco. “¿Qué está pasando?”, repetí. Luego verifique que en ese autobús Dios me había dado completa sanidad”.

declaracion23julio verso23julio