23 DE DICIEMBRE · VIDA EN EL ESPÍRITU

Nací en el seno de una familia muy pobre. Mi madre era una prostituta y no conocí a mi padre. Éramos cuatro hermanos y siempre digo que somos criaturas que Dios ha ido cuidando, pues vivimos entre insultos, amenazas, e incluso alguna vez temimos por nuestras vidas. A los siete años de edad empezó mi gran infierno pues fui abusada sexualmente durante cuatro años. A los quince años me “invitaron” a salir de mi hogar para no volver nunca más. Hoy soy madre de cinco hijos. Cuatro nacieron como fruto de una relación con mi antigua pareja, un musulmán que traficaba con todo tipo de sustancias.

Él era muy posesivo y radical y yo un simple objeto a su merced. En ese ambiente infernal conocí a mi pastora. Yo tenía 20 años y ella me habló del evangelio y me leía la biblia. Aún recuerdo la paz que me transmitía y su expresión tan dulce. Con todo, no quise seguir en su célula y me sumergí aún más en el islam. Pasaron los años y me hallé sola, desecha, sin esperanza sumergida en absoluta oscuridad. Pero Dios abrió mis ojos, obró el milagro y conocí a un hombre lleno de Dios que era discípulo de mis pastores. Él me condujo a los pies de Jesús. Quien me iba a decir que con el paso del tiempo él llegaría a convertirse en mi esposo.

Hoy estamos felizmente casados, Dios nos regaló un hermoso hijo, y ambos servimos a Dios en nuestra iglesia. Conocí el amor de un gran hombre de Dios que hoy cuida de mí y de su iglesia, conocí a mi verdadero Padre Dios, quien sanó todas mis heridas, se llevó mi vergüenza y me concedió una gran familia, tanto biológica como espiritual.

Testimonio Susana, España

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