Años atrás mi hija Sara, que en ese entonces tendría unos trece años de edad, me pidió permiso para tener una célula en nuestra casa, y estuve de acuerdo, luego en una de esas reuniones, me acerqué a preguntarles a algunas de las jovencitas sobre lo que habían aprendido y me respondieron que Sara les había enseñado sobre la importancia de tener fruto.

Y otra jovencita dijo: «Es muy sencillo primero debo orar para que Dios me dé una discípula y si soy fiel con ella luego el Señor me dará doce discípulas, y si soy fiel con ellas el Señor me dará muchas más discípulas».

Otra dijo: «Lo que más me llamó la atención fue lo que ella hoy nos compartió en Romanos 1:14·16, que tenemos una gran deuda y es la de llevarles el evangelio a los jóvenes de nuestra generación».

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22 SEPTIEMBRE · NADIE PODRÁ REEMPLAZARLO

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