Desde el momento en que recibí al Señor, sentí que me llamaba al ministerio; fue una convicción. Usted también debe sentir esa convicción. No conocía nada de la Biblia, pero en mi corazón sentía que había sido seleccionado por Dios para entrar al ministerio. No importa que no tenga el conocimiento, la experiencia, la fluidez; si siente en su corazón que es llamado, Dios se encargará de guiarlo y entrenarlo. A los dos meses de convertirme, la pastora de esa iglesia me invitó a compartir una enseñanza desde el púlpito.

Aquel domingo prediqué sobre la parábola del hijo pródigo y, cuando abrí mi boca para enseñar, la unción de Dios vino con tanta fuerza a mi vida que sentía que las palabras salían con energía y con gran fluidez, las ideas venían a mi mente con la velocidad del relámpago y todo lo que comunicaba era totalmente nuevo para mí. Prediqué con un fuego tal como si tuviera una experiencia de veinte años en el ministerio.

El Espíritu Santo está haciéndole la misma invitación a usted, pero el púlpito estará esta vez en una casa y el público será tal vez sus propios amigos, sus familiares o sus vecinos, mas debe tener confianza de que, al abrir sus labios, la unción de Dios vendrá a su vida con poder. Verá con gozo que el Señor empezará a usarle en la transformación de muchos.

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22 MAYO · RESPONDER AL LLAMADO

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