22 DE NOVIEMBRE · CONOCIENDO LA VOLUNTAD DE DIOS

A un joven cristiano, de carácter firme, convicciones determinadas y una fe inquebrantable, le preguntaron por qué llevaba una vida consagrada y piadosa casi al extremo.

Este joven, luego de un momento de silencio, pensativo expresó: ‘Cuando yo estaba por nacer hubo complicaciones graves’. ‘El doctor que estaba a cargo salió al pasillo donde esperaba mi padre y le dijo: ‘No hay esperanza, no podemos salvar a los dos. Usted tendrá que decidir, ¿salvamos a su esposa o a su hijo?’. Sin vacilar un momento mi padre dijo, con su voz quebrada y lágrimas en sus ojos dijo: ‘Salve a mi esposa’.

‘Mi madre, oyó la conversación por el tragaluz que estaba abierto, y dijo más fuerte y con más insistencia que mi padre: ¡Salve a mi hijo! ¡Salve a mi hijo!’.

Yo estoy viviendo porque ella murió por mí, y por mejor vida que yo lleve nunca será suficientemente buena. El sacrificio de amor de aquella madre por el hijo que aún no había nacido es poco al compararlo con el amor de Dios por nosotros. Él, sabiendo el sufrimiento que Su Hijo iba a experimentar, por amor a cada uno de nosotros igual lo envió a la tierra, para que por medio de Jesús seamos salvos. Pablo lo declaró de esta manera: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

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