¿Qué tenía este joven pastor de ovejas, que vino a superar a los más adiestrados del ejército del rey Saúl? ¿Por qué todos los que se encontraban bajo la cobertura del rey Saúl estaban llenos de miedo? ¿Por qué David no quiso aceptar las armas que le ofreció Saúl para enfrentar al filisteo? ¿Porque David no se dejo intimidar por la actitud imponente del enemigo? Permítanme responder todos estos interrogantes.

Este joven pastor de ovejas vivía la mayor parte del tiempo en el campo, teniendo como techo el mismo cielo. En aquel lugar recibía la inspiración divina. Todo esto le ayudo a crecer en la fe; mientras que sus hermanos, y todos los que hacían parte del ejercito de Saúl, tenían como techo el espíritu de temor que siempre había controlado al rey, paralizando automáticamente a los valientes de su propio ejército.

David no se sintió cómodo con las armas que le ofreció Saúl porque él nunca las había usado, fue así como las hizo a un lado y con determinación escogió sus propias armas, aquellas que ya le habían funcionado en el pasado.

Pablo dijo: “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas”. (2 Corintios 10:4).

En ningún momento David pensó que el filisteo lo vencería, pues en cada uno de sus pensamientos solo estaba la victoria sobre ese temible adversario. El secreto de la victoria estaba en su fe y en la declaración que él hizo: “… yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos”. (1 Samuel 17:45·47).

Dios respaldo la poderosa confesión que David había hecho. Como lo dijo el salmista: “Díganlo los redimidos de Jehová, Los que ha redimido del poder del enemigo”. (Salmos 107:2).

Ahora la buena noticia es que usted es el David de esta época.

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21 NOVIEMBRE · INSTRUMENTOS EN LAS MANOS DE DIOS

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