21 DE ENERO · FE QUE DA ESPERANZA

Cuando Leonardo da Vinci era todavía un joven discípulo de su anciano profesor italiano, este último le pidió que terminara un trabajo que él ya había comenzado. El joven no se atrevió debido a la gran reverencia y respeto que sentía por las habilidades del maestro; sin embargo, el viejo artista no aceptó excusas e insistió en la orden diciéndole: «Haz lo mejor que puedas».

Por fin, Leonardo da Vinci con mano temblorosa tomó el pincel y arrodillándose delante del lienzo oró: «Te ruego Dios que me des la habilidad para poder realizar esta obra, por el amor que siento hacia mi maestro».

Emprendió la tarea y a medida que avanzaba, su mano fue ganando firmeza, su ojo adquirió la habilidad del genio, se olvido de sí mismo y se lleno de entusiasmo por la obra. Cuando estaba terminado, los ojos del anciano miraron el cuadro con sentimiento de triunfo, abrazo a su discípulo y exclamó: «Hijo mío! Ya no pintaré más, no es necesario».

Nuestro maestro Jesús hizo su parte, ahora debemos humildemente pedirle que Él nos ayude en la tarea que tenemos por delante. Entendiendo que la unción de Él nos acompañará por siempre.

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