Si permitimos que la Palabra de Dios more en abundancia en nosotros, de nuestros labios brotarán salmos, himnos y cánticos espirituales y no habrá más lugar para expresiones de derrota, fracaso, temor o queja. Se confesará la palabra de victoria siempre. Esta actitud nos elevará a la genuina dimensión de la fe. Podremos ver la vida desde la perspectiva perfecta de Dios y nos lanzaremos a conquistar hasta lo imposible en el Nombre del Señor.

Se dice de John Knox, predicador de la época de la reforma en Escocia, que su voz infundía más coraje en el corazón de sus oyentes que diez mil trompetas sonando en sus oídos.

El Apóstol Pedro dijo: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:19·21).

En su primera epístola, él mismo enseña: “Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (1 Pedro 1:25).

Si la Palabra de Dios no ha logrado cambiarlo es que aún usted no la ha recibido como debe. Reflexione acerca de esto y tome la decisión de cambiar lo que debe cambiar. El profeta Jeremías dijo: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos” (Jeremías 15:16).

Aunque la palabra produjo mucho gozo en el corazón del profeta, luego Dios le reveló el poder de ella: “¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?” (Jeremías 23:29).

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21 ABRIL · LA PALABRA DE DIOS ESTÁ CARGADA DE PODER

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