21 DE JULIO · DESPOJÁNDONOS DEL PESO QUE NOS ESTORBA

Yo tenía aproximadamente quince años cuando por primera vez Dios puso Sus manos sobre las mías y me usó de una manera especial. Estaba en una reunión de oración al norte de Alemania, en una iglesia donde mi padre era predicador. Nos encontrábamos todos de rodillas cuando el poder de Dios vino sobre mí y sentí que mis manos se llenaban de electricidad. Escuché claramente la voz del Señor diciéndome al corazón: “Levántate y ve a orar por la hermana C., imponiendo tus manos sobre ella”. Casi me desmayo pensando en las consecuencias, pues mi padre era un hombre muy estricto.

¿Cómo podía yo levantarme y poner mis manos sobre esa señora? Pero cuando dude, sentí como si el Señor elevara el voltaje y sentí que me estaba muriendo. Lentamente levanté la cabeza y miré a mi alrededor buscando a la hermana C. Manteniéndome agachado para que nadie me viera, me acerqué sigilosamente a ella. Luego, puse mis manos sobre su cabeza y en ese momento sentí que el poder de Dios salía de mis manos.

Papá me había visto, y por su rostro me di cuenta que no estaba contento. Fue directo a ella y le dijo: “¿Que le hizo Reinhard?”. Ella respondió: “!Oh! Cuando Reinhard puso sus manos sobre mi cabeza sentí que algo como electricidad corrió a través de mi cuerpo y ahora estoy sana”.

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