Moisés sabía muy bien cual era su compromiso con la nación de Israel; sin embargo, en el instante que actuó fuera de tiempo, su vida automáticamente cambió para siempre. De la noche a la mañana se convirtió en el más fuerte enemigo del Estado, por este motivo tuvo que huir al desierto de Madian.

No obstante, la adversidad que estaba atravesando Moisés, Dios la tomó y empezó a formar su carácter por un periodo de 40 años, hasta convertirlo en uno de los hombres más mansos y humildes de toda la tierra; lleno de toda autoridad para enfrentar al poderoso faraón y lograr reducir su ejército a la mínima expresión.

Recuerde que el salmista dijo: “Jehová cumplirá Su propósito en mi” (Salmos 138:8a).

Ahora, aquellos que hemos creído en Jesús y que somos parte de su iglesia, tenemos la gran responsabilidad de darle continuidad al sueño que comenzó Jesús. Esto sólo podrá ser una realidad, si logramos hacer de cada creyente un líder. Una misión que implica desarrollar un trabajo basado en el cuidado que tengamos sobre cada uno de los nuevos creyentes.

Moisés a pesar de ser uno de los más grandes profetas de Dios, tuvo que acatar la sabia dirección dada por su suegro Jetro, donde le recomendaba escoger dentro del liderazgo de Israel, varones de virtud, de verdad, temerosos de Dios y que aborrecieran la avaricia; con el propósito de hacerlos responsables del cuidado pastoral de toda una nación. Esta fue una correcta decisión que trajo alivio para la vida Moisés.

El proverbista dijo: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal” (Proverbios 3:5·7).

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20 NOVIEMBRE · CUMPLIR EL PROPÓSITO DIVINO

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