Cuando decimos “deseche lo que no edifica” nos referimos a todas aquellas cosas que intentan contaminar nuestro espíritu: personas, lugares, imágenes y objetos, entre otros. Las palabras crean un ambiente espiritual, le dan un rostro al día, por ese debemos ser celosos de las personas y las cosas que nos rodean. Si nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo debemos procurar siempre tenerlo limpio para ser lleno.

El Apostol Pablo es muy claro cuando advierte en 2 Timoteo 3:2·5

2. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,

3. sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno,

4. traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios,

5. que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.

Pablo era consciente que en este mundo hay gente de todo tipo, pero en nosotros está la sabiduría de saber escoger con que clase de gente queremos relacionarnos. John Maxwell expresa: “La gente es como el agua cada uno encuentra su propio nivel. Una persona con una imagen negativa de si misma esperará lo peor, dañará sus relaciones y encontrará a otros que también son negativos. Aquellos que tienen una imagen positiva de si mismos esperarán recibir lo mejor de la vida, y aquello que tienen una imagen personal positiva y fidedigna tendrán mayor probabilidad de alcanzar el éxito, ver a los demás como exitosos en potencia, y relacionarse con otras personas exitosas”.

Es pues el momento de escoger que clase de rostro vamos a darle a nuestra vida. Si el de negativismo o el de la fe. Para esto es importante que cada persona sea muy selectiva en escoger amistades, hábitos, conversaciones, diálogos, tendencias, lecturas y todas aquellas cosas que de manera directa o indirecta afectan nuestro bienestar espiritual, comportamiento y autoimagen.

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20 MARZO · DESECHE LO QUE NO EDIFICA

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