Uno debe cuidar mucho su cuerpo, incluye la disciplina en el comer, poniendo un grano de arena para mantener un estado físico saludable. Debemos cuidar la mente, esto tiene que ver con lo que leemos, vemos, oímos.

Podemos atesorar en nuestra mente el río de Su Palabra que contrarresta el charco de nuestro conformismo. Debemos también cuidar las emociones; si tuvimos heridas en nuestra niñez, la gracia de Dios puede llegar hasta las heridas más profundas y dar una sanidad plena. Los sentimientos son muy importantes, porque somos el instrumento, el arma en las manos de Dios y Él necesita una herramienta santificada para poder usarla.

Debemos entender que la enfermedad es un mensajero de la muerte, que roba las finanzas, puede arruinar las vidas, es causante de divisiones familiares y siempre es un huésped indeseado. En Su gran amor y misericordia, Jesús tomó la enfermedad y el dolor y los llevó sobre Su cuerpo, los destruyó para siempre en la Cruz del Calvario. Lo único que Él pide es que creamos que ya lo hizo, pues así podremos disfrutar de todos los beneficios.

Dios siempre quiere bendecirnos, pero primero desea poner en orden cada área de nuestras vidas; por lo cual Su Palabra dice: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).

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20 JUNIO · GOZAR DE BUENA SALUD

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