20 DE ENERO · ATRÉVASE A HABLAR CON FE

¡Jesús! Si tú no haces un milagro, me muero. No era cualquier momento, pues acababa de recibir una puñalada en el tórax, esa fue una de las sensaciones más impresionantes que haya tenido, sabía que la muerte venía cabalgando a toda velocidad por mi vida. Y lo único que se me ocurrió fue clamar a Jesús con todo mi corazón por un milagro. El hombre que me atacó, lo único que me robo fue mi Biblia, luego él corrió en una dirección y yo desesperado corrí en la dirección opuesta. Cada paso que daba, sentía que el reloj de la vida me estaba marcando los segundos finales.

En medio de la angustia, mis ojos espirituales se abrieron y pude ver en una gran pantalla resumida en imágenes toda la trayectoria de mi vida; desde mi niñez hasta ese momento. Veía lo positivo y lo negativo. Ya no había tiempo para hacer correcciones, sabía que en cualquier momento el próximo paso sería hacia la eternidad. No podía borrar de mi mente la imagen de mi pequeña hija Johanna que tenía tan solo veinte días de nacida, tampoco podía resignarme a que mi dulce y bella esposa fuera a quedar viuda. Por más que luchaba para revertir esa situación ya nada más se podía hacer, sabía que todo estaría en manos de Dios. Después de una cuadra me desplomé completamente muerto en el pavimento.

Pero en ese instante todo cambió, se apoderó de mi una paz que sobrepasaba el entendimiento y cuando miré a mi alrededor, me di cuenta que no estaba solo, habían legiones de ángeles escoltándome. Ellos hacían un túnel angelical que unía la tierra con el cielo, y en la medida que ellos subían también yo subía con ellos. Luego me di cuenta de mi condición, sabía que estaba muerto y en ese instante elevé una oración: “Señor, no es posible que permitas esta muerte, te ruego que así como tu venciste la muerte me des el mismo poder para vencerla en tu nombre”.

Al terminar la oración abrí mis ojos en el cuerpo y di gracias al Señor por el milagro. Dios me dio la vida después de treinta minutos de permanecer inerte. “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. (Juan 11:25)

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