“A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:37·38).

El Señor Jesús invirtió la mayor parte de Su tiempo ministerial en la formación de doce personas a quienes llamó apóstoles. Una de las mayores enseñanzas que les dejó fue acerca de la compasión por los que aún no le conocían.

Después del hecho que narra Mateo 9:37·38, Jesús enseña a los discípulos la manera más eficaz de recoger esa abundante cosecha. Con posterioridad a esta lección, el Señor escogió a Sus doce entre todos Sus discípulos y también les confió la gran tarea de la evangelización.

En este principio que Jesús les enseñó se encuentra la enseñanza más poderosa para acopiar la grandiosa cosecha o la recolección del tiempo final, y es que cada creyente se responsabilice por doce personas. Nosotros somos hoy en día los seguidores de Jesús. Somos los que debemos agregar el ingrediente del trabajo a la intercesión y colaborar con denuedo para recoger la gran cosecha de almas que Dios ya nos ha preparado en todas las naciones para estos últimos tiempos.

Después que Jesús maldijo la higuera y se secó, dijo a Sus discípulos: “Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:22·23).

El Señor usó esta situación de la higuera para enseñar a Sus discípulos que la fe puede cumplir su propósito, si logramos perseverar en oración sin permitir la duda en nosotros. No actuemos como Pedro que en un momento sintió que tenía toda la fe del mundo para caminar sobre las aguas, mas frente a las olas y los fuertes vientos, su fe se esfumó y empezó a hundirse tan rápidamente que tuvo que clamar por misericordia, y el Señor lo reprendió por su falta de fe (Mateo 14:28·31).

Dios no quiere que haya racimos en Su vid que se vuelvan ociosos y no den fruto, pues el Padre Celestial se encargará de quitar aquellos racimos que estén sin fruto. El Señor ha preparado todo de antemano para que cada uno de Sus hijos crezca en el fructificar, que lleve fruto, más fruto y mucho fruto.

Permanecer en Jesús es mantener contacto con Su Palabra. Teniendo presentes estos dos aspectos, podremos mover la esfera espiritual a través de la oración, pues creo que ninguna bendición espiritual se logra si no sabemos cómo conquistarla en oración a través de la fe. Aquellos que se resisten a dar fruto para el Reino de Dios, se convierten en leña que alimentará el fuego. Él Señor solo se concentra en los que viven encendidos espiritualmente y son apasionados por dar fruto abundante para que se glorifique Su Nombre.

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20 ABRIL · PERMANECIENDO EN LA PALABRA

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