20 DE JULIO · AGRADANDO A DIOS EN TODO

En Febrero de 1941, Kolbe fue encarcelado en Auschwbitz (una terrible prisión).

En Julio de ese mismo año, un hombre se escapó de la prisión. En Auschwbitz era costumbre matar a 10 prisioneros por cada uno que se escapara. Todos los prisioneros eran llevados al patio y el comandante escogía al azar 10 nombres del libro de inscripciones. Las víctimas eran llevadas de inmediato a una celda donde se les dejaba sin comer ni beber hasta que morían.

El comandante comenzó a recitar los nombres. A cada llamada, un prisionero más daba un paso adelante para llenar la cuota siniestra. El décimo nombre que leyeron fue el de Gajowniczek.

Mientras los oficiales de la SS revisaban los números de los condenados, uno de los condenados comienza a sollozar: “¡Mi esposa y mis hijos!” -Dijo llorando. De pronto un prisionero se salió de las filas y comenzó a abrirse paso hacia el frente, era Kolbe, quien expresó: “Estimado Comandante, deseo hacerle una petición. Quiero morir en lugar de ese prisionero” y señaló a Gajowniczek, quien estaba sollozando. “Yo no tengo esposa ni hijos. Además soy viejo y no sirvo para nada. Él esta en mejores condiciones”. Kolbe conocía bien la mentalidad nazi.

“¿Quién es usted?” -Preguntó el oficial. “Un sacerdote católico”. El pelotón quedó atónito, y el comandante sin palabras, algo que no sucedía a menudo. Un momento después, gruñendo dijo: “Petición concedida”. Fue el 14 de Agosto de 1941.

Gajowniczek sobrevivió al holocausto, logró regresar al pueblo donde vivía, pero desde entonces todos los años volvió a Auschwbitz. Cada 14 de agosto regresó a darle las gracias al hombre que murió en su lugar. En el traspatio de su casa hay una placa que él tallo con sus propias manos. Es un tributo a Maximiliano Kolbe, el hombre que murió para que él pudiera vivir.

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