2 DE MAYO · LA SIMPLICIDAD DEL DISCIPULADO

¿Qué sentiría usted si acude a un líder espiritual en busca de una ayuda para un ser querido, donde se requiere un gran milagro y este líder le responde ásperamente? Posiblemente usted reaccionara diciendo y este ¿qué se cree, para que me hable de esta forma? Y piensa en buscar ayuda en otro lado.

Algo casi parecido le sucedió a una mujer Cananea, que no era parte del pueblo de Israel. Ella le suplica al Señor diciéndole: “Mi hija es gravemente atormentada por un demonio”. Aunque el Señor se rehusó hacerlo, esta mujer insistió diciéndole: “¡Señor, socórreme!”. Respondiendo él, dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos”. El Señor aparentemente no estaba siendo nada amable.

Cuántas veces podemos sentir que ante nuestra necesidad el Señor permanece indiferente, pero siempre el Señor va un paso más adelante que cualquiera de nosotros. Esta mujer le dijo: “Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces respondiendo Jesús, dijo: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora” (Mateo 15:21-28). Perseveremos en fe y no desistamos hasta ver el milagro.

Pastora Claudia de Castellanos

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