2 DE JUNIO · LA PRESENCIA DE DIOS EN LAS CASAS

Tuve la oportunidad de acompañar a mi esposo en la visita a muchos hogares al inicio de nuestro ministerio. Pero algo que me llamó mucho la atención era ver la manera como Dios lo respaldaba cada vez que oraba por los enfermos. Recuerdo que en cierta ocasión llegamos a una casa a eso de las cuatro de la tarde, la señora de la casa, nos recibió con mucha alegría, y nos dijo: “Voy a traerles a mi niña para que oren por ella”.

Mi esposo y yo pensamos que era una niña pequeña, pero cuando bajaron las escaleras nos encontramos con una joven de unos dieciocho años de edad, completamente paralítica. La recostaron en el sofá de la sala y su mamá dijo: “Esta es mi niña”. Después de explicarnos la causa de la parálisis mi esposo puso sus manos sobre ella y comenzó a orar. Al terminar la reunión, quien nos acompañó hasta la puerta para despedirnos fue esta joven a quien el Señor había sanado. Esto me ayudó a comprender el porqué el Señor dijo a Sus discípulos: “Sanad enfermos”, y luego añadió: “Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; más si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros” (Mateo 10:13).

Pastora Claudia de Castellanos

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