2 DE AGOSTO · JESÚS NUESTRO INTERCESOR

Nací en un hogar de fe, mis padres son cristianos, y son pastores hace veinte años. Cuando todavía vivía con ellos, hicimos un viaje fuera de Bogotá, yo fui en mi moto; y de regreso a la ciudad tuve un accidente en el cual casi pierdo la vida. Fue un choque muy grave; era de noche, por lo cual no veía casi nada y, al tomar una curva, la moto falló, resbaló y empecé a dar vueltas hasta estrellarme con una roca.

Esta roca me sirvió de protección, pues detrás de ella había un abismo. Cuando logré ponerme de pie vi la moto, mi cuerpo y el abismo, e inmediatamente entendí que era Dios que me estaba llamando. Fue muy claro para mí cuando Él me dijo: “Es el momento y Yo te guardé para que tú me sirvas”.

Todo cambió para mí ese día; tomé la decisión de entregarle mi vida a Jesús. El primer día que asistí a la iglesia vino un gran quebrantamiento sobre mí, un verdadero arrepentimiento. Dios comenzó a bendecirme y empecé a prepararme para el liderazgo; luego conocí a John, quien se convertiría en mi esposo, nos casamos y hoy servimos a Dios juntos.

Pastora Ángela Sánchez

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