2 DE ABRIL · CRECIENDO EN DIOS

Hay dos mares en Palestina. Uno es fresco y lleno de peces, hermosas plantas adornan sus orillas; los árboles extienden sus ramas sobre él y alargan sus sedientas raíces para beber sus saludables aguas y en sus playas los niños juegan. El río Jordán hace este mar con burbujeantes aguas de las colinas que ríen en el atardecer. Los hombres construyen sus casas en la cercanía y los pájaros sus nidos. El río Jordán corre hacia el sur a otro mar, aquí no hay muestras de vida, ni murmullos de hojas, ni canto de pájaros, ni risas de niños.

Los viajeros escogen otra ruta, solamente por urgencia lo cruzan, el aire es espeso sobre sus aguas y ningún hombre, ni bestias, ni aves la beben. ¿Qué hace esta gran diferencia entre mares vecinos? No es el río Jordán. Él lleva la misma agua a los dos. No es el suelo sobre el que están, ni el campo que los rodea. La diferencia está: El mar de Galilea recibe al río pero no lo retiene. Por cada gota que a él llega, otra sale.

El otro mar retiene su ingreso y cada gota que llega, allí se queda. Le llaman Mar muerto. Que gran ejemplo que nos da Dios a través de la naturaleza. La vida está en el dar; seamos generosos y compartamos con otros de lo que Dios nos ha dado.

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