En 1923, nueve de los hombres más poderosos del mundo se reunieron en Chicago. Cualquiera podría sentir envidia de esos personajes pues se calcula que en este pequeño grupo se concentraba el 70% de las riquezas del país. Charles Schwab, presidente de la mayor compañía productora de acero del mundo; Samuel Insull, presidente de la más grande compañía productora de electricidad; Howard Hopson, presidente de la mayor compañía productora de gas; Arthur Cutrten, el mayor vendedor de trigo de los Estados Unidos; Richard Whitney, presidente de la bolsa de valores de Nueva York; Albert Fall, Secretario de Interior del gobierno del presidente Harding; Jesse Livermore, gran inversionista de Wall Street; Ivar Kreuger, cabeza del monopolio más grande del mundo; León Fraser, presidente del International Settlements Bank.

Pero estos hombres, por carecer de valores morales y haber puesto toda su confianza en las riquezas, que son muy inciertas, porque de un momento a otro levantan alas como las águilas y vuelan lejos, se vieron de repente frente a una triste realidad. Las esperanzas del rico perecen. En 1984, veinticinco años después de aquella famosa reunión, Charles Schwab quebró y pasó los últimos cinco años de su vida sobreviviendo con dinero prestado; Samuel Insull, murió en tierra extranjera, prófugo de la justicia y sin un centavo en su bolsillo; Howard Hopson murió demente; Arthure Cutrten perdió su solvencia económica y murió en el extranjero; Richard Whitney, había acabado de salir en libertad de la prisión de Sing Sing; Albert Fall, recibió un perdón presidencial para que pudiera morir en compañía de su familia y no en prisión; Jesse Livermore e Ivar Kreuger se habían quitado la vida al igual que León Fraser.

Qué gran enseñanza nos deja la historia. Estos hombres se reunieron justo en un mismo año para ser alabados por el mundo entero, y también en otro mismo año los nueve pasaron a la eternidad con más pena que gloria, todo por poner la confianza en lo incierto. El Señor Jesucristo dijo: “De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Mateo 19:23·24)

declaracion19agosto

verso19agosto

oremos16junio

19 AGOSTO · APOYÁNDONOS SIEMPRE EN DIOS

|

487 comentarios