19 DE MAYO · EL MEJOR EQUIPO

Por siete años mi hija Johanna no pudo tener familia. De escuchar tanto a mi esposo que hablaba sobre la importancia de la visualización; un día estaba leyendo una revista y vi la foto de una modelo que estaba embarazada. Se la llevé a mi esposo y le dije: “Trabájala en Photoshop, pero ponle el rostro de nuestra hija Johanna”. Simultáneamente se estaban recogiendo ofrendas de pacto para el auditorio y le dije a mi esposo: “¿Cuántos somos en la casa”, él me respondió: “Somos siete”, entonces yo le dije: “Multiplica eso por la cantidad del pacto y lo vamos a dar por nuestra descendencia”.

Nuestra oración fue para que antes de tres meses presenciáramos el milagro. Justo al culminar el tercer mes me llamó mi hija Johanna y me dijo: “Mami, vas a ser abuela”. Celebramos ese acontecimiento. Al año siguiente de nuevo Johanna me llamó diciéndome: “Mami, vas a ser abuela de nuevo”. Un año y medio después recibí otra llamada: “Vas a ser abuela una vez más”. Cuando fuimos a conocer a nuestra tercera nieta, ella me dijo: “Mami por favor quita ya esa foto, porque ya cumplí mi meta”. Entendimos que la visualización y la ofrenda deben estar unidas, porque ambas forman parte de la vida de fe.

Pastora Claudia de Castellanos

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