19 DE DICIEMBRE · LA FE Y LA PALABRA

Cierto predicador invitado habló acerca de la importancia de la Biblia a un grupo de creyentes. Enseñó que ella es la Palabra de Dios, que es lámpara a los pies del creyente, declaró que al leerla somos limpios por la Palabra; dijo que era más preciosa que la plata y que cada persona que la lee recibe fe sobrenatural en su corazón.

Al finalizar y ya en el momento de la oración, uno de los presentes, levantándose, dio un testimonio conmovedor: – el predicador de hoy probablemente no me reconoce ni se acuerda de mí, pero…. Hace ya años se acercó a mí estando yo preso en la cárcel y me ofreció la Biblia. Mi respuesta inmediata fue: <<yo no tengo papel, muchas gracias, pero si usted me da esta Biblia me la fumaré>>. Su respuesta fue: <<Bien, fúmesela usted, pero hagamos un trato: cada vez que arranque una página para enrollar su cigarrillo, prométame que la leerá antes de hacerlo>>. <<Conforme>>, repliqué. Hermanos, me fumé Mateo, me fumé Marcos y me fumé Lucas, pero cuando llegué al Evangelio de Juan, capitulo 3;1, no pude fumar más.

Entregué mi vida al Señor y hoy soy un predicador del Evangelio y no pierdo ocasión de dar a otros la Palabra de Dios. Este testimonio es verídico, aunque se omitan nombres y lugares. Es una pequeña prueba que vale la pena leer la Biblia que no necesita más comentarios.

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