18 DE SEPTIEMBRE · EXALTANDO A DIOS

Un capitán y su tripulación viajaban en medio de una terrible tormenta durante varios días en altamar. El pequeño barco era golpeado insistentemente por las olas y el viento, y se mecía casi hasta volcarse mientras toda la estructura crujía y se retorcía hasta que parecía despedazarse. Habían perdido los instrumentos y no sabían ni siquiera donde se encontraban.

En medio de todo esto el capitán no hacía más que gruñir y maldecir, gritando a Dios y reprochándole todo lo que pasaba y que habían sido abandonados por Él. Tomado firmemente del timón en la proa gritaba a los truenos, los relámpagos y el cielo al saberse perdido.

En ese momento, un marinero dejó su puesto y corrió donde el capitán quien le reprendió fuertemente en medio de la tormenta y la lluvia.

“Por qué dejas tu puesto! Podemos perder el mástil”, le gritó el Capitán.

A lo que el marinero contestó:

– “Lo sé señor! Pero hace más de 10 minutos se vislumbra la luz del faro del puerto. Pero usted no la ha visto por estar gritando”.

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