“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. ( Filipenses 4:19)

Jesús nos enseñó principios claros para ser prósperos, uno de esos ejemplos se reflejó cuando alimentó a miles de personas multiplicando los panes y los peces.

También nos dejó un gran ejemplo al pagar los impuestos de otros como lo hizo con Pedro. Todo el ministerio terrenal del Señor fue próspero, y esto se explica en la capacidad que tuvo para llevarle a los pobres un mensaje de esperanza. ¿Usted cree que un pobre tendría la autoridad de enseñarle a la gente como salir de esa condición y prosperar?

La presencia del Señor era tan poderosa que los hospitales se vaciaron, pues toda la gente corría detrás de Él para obtener su milagro. Ahora debemos entender que al Señor le tomó cinco días de la creación preparar con lujo de detalles todo lo que el hombre fuese a necesitar para que no le faltara ningún bien. Dios fue tan generoso con el hombre que en la misma creación preparó la provisión para las generaciones venideras, de tal modo que en el planeta Tierra hubiesen suficientes recursos naturales para que cada persona pudiera vivir como un rey.

Sin embargo, sabemos que desde el momento en que Adán cedió al pecado, el ser humano se encontró ante un mundo lleno de toda clase de dificultades, incluyendo las financieras. No obstante, el mismo Señor preparó un plan de rescate para toda la raza humana. Este camino para la salvación fue la cruz del calvario; allí Jesús tomó nuestra naturaleza, no solo de pecado, sino también de pobreza; pues aunque él era rico aceptó la pobreza a través de la cruz donde murió sin tener nada que cubriese se desnudez, y fue así como con su pobreza nos proveyó de total abundancia.

Pablo le recomienda a Timoteo que le aconseje a los ricos de este mundo que pongan su confianza, no en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. (1 Timoteo 6:17)

Las verdaderas riquezas están en Dios, no en los bienes materiales, pues todas las cosas con el constante uso se acaban, pero el Dios nuestro permanece para siempre. El sabio Salomón dijo: “Honra a Jehová con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos, y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto”. (Proverbios 3:9·10)

Sé que la prosperidad de Dios para sus hijos es revelada a través de su palabra y cuando este mensaje llega a nuestros corazones recibimos al instante aquella llave que nos abre y da a conocer la provisión permanente de Dios. Así como el profeta Eliseo le dijo a la viuda: “Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite”. (2 Reyes 4:3)

De eso poco que ella tenía Dios le dio la provisión para pagar todas sus deudas y poder vivir holgadamente con su familia.

Sabemos que la prosperidad en las manos de los necios se echará a perder. La ruina viene por una vida desordenada, la maldición llega por el mal uso que algunos le dan a sus finanzas. “Nuestros padres pecaron, y han muerto; y nosotros llevamos su castigo” (Lamentaciones 5:7).

En estos días, Dios hace diferencia entre el justo y el impío; al justo lo está prosperando y el impío atraviesa toda clase de dificultades. Lo poco en las manos del justo alcanza para mucho; mientras que el impío no sabe qué hacer, ni tiene adónde ir. El justo sabe que puede acudir a su Dios para ser prosperado.

A través del profeta Hageo, Dios nos enseñó que la riqueza debe ser canalizada para engrandecer la casa del Señor, para que la gloria postrera de Su casa sea mayor que la gloria del comienzo.

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17 OCTUBRE · ¿QUIÉN PROVEE SUS FINANZAS?

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