Después de su encuentro personal con Jesucristo, Pablo pudo experimentar la gran diferencia existente entre la religiosidad y una relación personal con Dios. Ahora, el temor reverente al Señor estaba en su corazón y lo que menos le interesaba era el gloriarse ante las otras personas por sus logros que, aunque se consideraban importantes, eran perecederos.

Fue atraído y conquistado por el amor de Cristo quien quedó maravillado al entender que, si uno murió por todos ¡Jesús! Para que los que viven y creen en Él ya no vivan para sí sino para aquel que murió y resucitó por ellos (2 Corintios 5:14·15).

Todos los paradigmas que Pablo había adquirido y aceptado a lo largo de su vida perdieron su encanto. En el pasado se jactaba de que era linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos, fariseo en cuanto a la ley, perseguidor de la iglesia por su gran celo, e irreprensible en cuanto a la justicia que es en la ley (Filipenses 3:4·7).

Aunque todos estos dichos le daban un mayor estatus en la sociedad y le ayudaban a alimentar su ego, después de conocer a Jesús encontró en Él la verdadera vida y decidió quedarse solamente con esta consigna, con el mejor eslogan, tal como él mismo lo expresó: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo” (Filipenses 3:7).

Salomón dijo: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12). Aunque el Apóstol Pablo era una persona con buenas intenciones, y pensaba que lo que había hecho en el pasado era lo correcto, después que tuvo su encuentro con Jesús entendió que todos sus caminos eran caminos de muerte; su corazón quedó eternamente agradecido con Dios por la manera como Él se reveló a su vida, pues esto le hizo comprender el gran error en que él se encontraba.

Esto lo llevó a desechar como algo inservible todo lo que él había puesto como primero en su vida, dándole a Jesús el lugar más especial dentro de su corazón. “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8).

La noche en que tuve mi encuentro personal con Jesús, se operó una transformación total en mi vida, todas aquellas cosas que antes traían satisfacción a mi ser, habían desaparecido; no aguantaba el escuchar una mala palabra.

Tampoco me sentía cómodo con mis antiguas amistades. Pero aún no sabía el por qué del cambio. Pensaba que esa experiencia espiritual era solo por un momento y que luego todo volvería a su normalidad. Hasta que en oración le dije al Señor: «Enséñame qué es lo que me está pasando, me siento como si yo fuera otra persona». Él me dio la respuesta a través de Su Palabra. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Comprendí que el conocer a Jesús y vivir en Su Palabra, es lo que nos da liberación.

declaracion17mayo

verso17mayo

17 MAYO · UN ENCUENTRO GLORIOSO

|

363 comentarios