17 DE SEPTIEMBRE · EL SELLO DE LA FE

El gran evangelista D. L. Moody contaba que en cierta ocasión uno de sus oyentes le dijo:

La doctrina que usted predica Sr. Moody es lo más absurdo. Pretende que los hombres sólo tienen que creer para que cambie todo el curso de su existencia. Nadie puede lograr ni pretender que su vida cambie por el mero hecho de creer.

Moody le contestó que se veía capaz de convencerle en menos de dos minutos de que cuando el evangelio promete cambiar vidas la afirmación es cierta. Su interlocutor aceptó el reto, y entonces Moody le dijo: “Muy bien, usted sostiene que a uno no lo afecta en su vida aquello en lo que cree y que el mero hecho de creer no cambia el curso de los acontecimientos”. – Así es.

“Supongamos, entonces, que alguien asomara por esta puerta y nos dijera que la casa está en llamas. Si usted considera que dice la verdad y le cree, lo más probable es que saliera de inmediato por la ventana para evitar las llamas y la asfixia ¿no es cierto?”

-Sí, claro. Y sintiéndose atrapado, añadió: – no se me había ocurrido pensar de esa manera.

Y es que la confianza, la fe en la palabra de otro, lo que uno cree o deja de creer, son la base de las relaciones humanas, de la sociedad, del comercio, y de todo.

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