Que importante es saber que nuestras oraciones y ofrendas son recibidas y evaluadas por Dios, quien juntamente las une a nuestros deseos. Por tal motivo debemos tener en cuenta que la actitud de nuestro corazón determina el éxito que tengamos en la oración, pues para perseverar en ella debemos estar siempre gozosos.

El Salmista dijo: “Venid ante su presencia con regocijo”. Y luego añade: “Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre”. (Salmos 100:2·4).

Un corazón agradecido es aquel que sabe reconocer la obra de Dios en cada aspecto de su vida. Las puertas que nos llevarán al castillo de Su Majestad se llaman “gratitud”.

Posiblemente, usted recordará aquella escena donde el Señor sanó a diez leprosos y tan sólo uno de ellos regresó para darle las gracias, por tal motivo el Señor le preguntó: “¿No fueron diez los que limpié?, ¿Dónde están los otros nueve?” (Lucas 16:17·18). Sólo uno de los diez tuvo la actitud correcta de regresar a agradecerle por su milagro, a pesar de que no era judío sino samaritano.

Nunca olvide pedir en el Nombre de Jesús. “Y todo lo que pidieres al Padre en mi nombre lo haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo, si algo pidieres en mi nombre yo lo haré” (Juan 14:13·14).

Toda oración que usted eleve tiene que ser dirigida al Padre, en el nombre de Jesús. Jesús es nuestro único mediador. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”. (1 Timoteo 2:5).

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16 NOVIEMBRE · OBTENIENDO LO QUE SE DESEA

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