¿Cómo cree usted que se siente una persona que pasa la vida con un collar metálico que se ajusta al cuello y que de él se desprende una cadena de unos pocos metros que está atada a una barra metálica? Son personas que no pueden tener sueños, ni ilusiones, ni familia, ni amigos porque permanecen todo el tiempo bajo el yugo opresor de aquel que los cautivo; su única gran ilusión es que alguien los libere.

Esa es la situación de aquellos que han sido víctimas del secuestro. Esto fue lo mismo que el adversario había hecho con la humanidad, hasta que vino Jesús y ofrendó su vida a cambio de la nuestra. Lo único que tenemos que hacer es rendirle nuestras vidas a Él y servirle; no piense que hay más felicidad viviendo con un collar de opresión alrededor del cuello, que estar sirviéndole al que nos liberó.

El Dr. Cho comentó el testimonio de una mujer que estaba muriéndose de cáncer y a quien le sugirió que fuera a la montaña de oración y escribiera 10.000 veces el versículo 1 Pedro 2:24 que dice: “Y por cuya herida fuisteis vosotros curados”. Cada vez que lo escribiera, tenía que confesarlo con su boca, cerrar los ojos y visualizarse sana.

Luego de una semana regresó a verlo, emocionada por haber cumplido con la tarea, tanto que se había olvidado de su dolor. Cuando le preguntó: “¿Qué pasó con el cáncer?”. “No lo sé, pero ahora no siento más dolor. Parece que Dios me sanó”. Sólo por la confesión de la Palabra esta mujer recibió completa sanidad.

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16 MAYO · QUITANDO LA PARÁLISIS

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