Como un padre amoroso, el Señor está llamando a Sus hijos para que despierten, para que salgan del sueño profundo en el que están por los afanes de este mundo. Les dice que se vistan de poder; es decir, que se levanten en la fuerza del Espíritu Santo y se vistan con esa ropa hermosa que es la alabanza continua a nuestro Dios.

Todo lo que rodea a Dios está cargado de alabanza; aun mientras Él fundaba la tierra, las estrellas le cantaban y los ángeles le danzaban (Job 38:4,7). Algo similar aconteció cuando Jesús nació, pues mientras un ángel daba el anuncio a los pastores que cuidaban el rebaño, repentinamente junto con el ángel apareció una multitud de las huestes celestiales que alababa a Dios y decía: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:13·14).

Únicamente, quienes pudieron dar el nivel de adoración como el de los ángeles, fueron los niños que exaltaban en el templo diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! Esto produjo indignación en los principales sacerdotes y en los escribas. Sin embargo, Jesús les dijo: “Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?” (Mateo 21:15·16).

El Señor Jesús estaba parafraseando lo que David dijo: “De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza” (Salmos 8:2). Además, si unimos el texto de los Salmos con la interpretación que da Jesús, resulta: “La alabanza perfecta levanta sólidas murallas de protección alrededor de nuestra vida y nuestra familia; quedamos resguardados en la fortaleza de Dios, que es el lugar adonde el adversario no puede llegar. Nuestra vida está segura por la alabanza; hay una protección poderosa de Dios para nosotros y nuestra familia”. La oración que el Señor hizo desde la Cruz, fue: “Pero tú eres Santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel” (Salmos 22:3).

A través del profeta Isaías, Dios dijo que Él vino: “a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado” (Isaías 61:3). El Señor habla de un manto que quitará el espíritu de tristeza y pondrá alegría, que nos mueve a exaltar, bendecir y glorificar el Nombre de nuestro Dios.

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16 AGOSTO · ASOMBRADOS POR SU MAJESTAD

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