16 DE OCTUBRE · VÍSTETE DE ALABANZA

La conexión entre el rostro y la adoración es más que coincidencia. Nuestro rostro es la parte más pública y reconocible de nuestros cuerpos, y menos cubierta que otras áreas. No llenamos los álbumes escolares con fotografías de los pies de las personas, sino con retratos de sus rostros. Dios desea tomar nuestras caras, estas partes expuestas y memorables de nuestros cuerpos, y usarlas para reflejar su bondad. Pablo escribe: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3.18).

Dios nos invita a ver Su rostro para poder cambiar el nuestro. Usa nuestras caras descubiertas para exhibir Su gloria. La transformación no es fácil. Pero nuestro Señor está bien a la altura de la tarea. Le encanta cambiar la cara de Sus hijos. Sus dedos hacen desaparecer las arrugas de la preocupación. Las sombras de vergüenza y duda se convierten en retrasos de gracia y confianza. Dios afloja las mandíbulas apretadas y suaviza las frentes fruncidas. Su toque puede quitar las bolsas de cansancio de debajo de los ojos y convertir las lágrimas de desesperación en lágrimas de paz. ¿Cómo? Por medio de la adoración.

Al hacerlo así descubrirá el propósito de la adoración: cambiar la cara del adorador. Eso es exactamente lo que le ocurrió a Cristo en el monte de la transfiguración. La apariencia de Jesús se transformó: -Resplandeció su rostro como el sol- (Mateo 17.2).

declaracion16octubre verso16octubre