16 DE MARZO · EL ANHELO DE DIOS

Una madre americana descubrió que su hijo poseía un don innato para la música y lo inició en su estudio. Lo llevó a Nueva York adonde un pianista retirado muy conocido mundialmente y le dijo: “Hemos venido desde lejos con esperanza en nuestros corazones. ¿Podría usted al menos oírlo tocar una vez?”. Agotado por su insistencia, el hombre accedió y el muchacho comenzó a tocar el piano. El artista se sorprendió al percibir tanto talento, como un diamante sin tallar. Comenzó a soñar con instruir un alumno de talla mundial y decidió aceptar al jovencito como su último alumno.

Se entregó por completo a la educación musical del niño, que se convirtio en un gran pianista y finalmente tuvo la oportunidad de tocar en el Carnegie Hall. Sin excepción, a cada interpretación le seguían aplausos atronadores. En medio de los aplausos, la audiencia notó que el joven miraba hacia arriba, al balcón, sus ojos no se apartaban de allí mientras saludaba. La audiencia llena de curiosidad siguió la mirada del pianista y vio a un anciano de pelo blanco sentado en el balcón, mirándolo. Muy orgulloso de su discípulo, los que estaban sentados cerca le oyeron susurrar: “Sí, las multitudes te aplauden, pero permanece mirando hacia arriba. En el momento en que pongas tus ojos en la fama o el dinero, comenzará tu caída”.

Dios no invierte su tiempo en nadie en vano, Dios es el maestro y usted es su discípulo, piense que usted es ese último discípulo que el Maestro de maestros aceptó, hónrele con su vida, con sus actos y con todo aquello que el Señor le confió.

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