16 DE JULIO · PODEMOS SER AMIGOS DE DIOS

“De las cosas que tienes, ¿cuál es la que más amas?” Esta fue la pregunta que el Señor le hizo a mi esposo en una convención de adoración. Mi esposo le respondió que era su reloj. “Si te pidiera el reloj, ¿tú me lo darías?”. –“Por supuesto, Señor”. Respondió mi esposo. Al día siguiente, nuevamente escuchó la voz del Señor que le decía: “Hijo, quiero tu reloj”. Él quedo muy impactado porque sabía que ese reloj era una pieza de colección.

Por un momento pensó que esto era una estrategia del enemigo para perturbarlo en la oración. Pero cuando se dio cuenta de que el Señor era el que estaba en el asunto se dispuso a obedecer. Aunque estuvo algún tiempo sin reloj, un sábado en la tarde me dijo: “Mi amor mira mi nuevo reloj”.

Aunque para mí era muy normal él me comentaba que era todo de acero inoxidable. Mi respuesta fue: “Disfrútalo mi amor”. Al día siguiente, en un hermoso día de sol, gozamos de las reuniones de la iglesia, y salimos todos como familia, para la gran celebración del cumpleaños de nuestra segunda hija, Lorena.

Todos en el auto, incluyendo a mis cuatro hijas y dos de mis sobrinos, estábamos cantando y alabando al Señor, cuando en un solo instante, todo cambió. Dos jóvenes en una moto se acercaron al lado de mi esposo, quien estaba manejando el vehículo, y le dispararon varias veces. Él recibió cinco disparos, pero la bala que iba hacia el corazón pegó en el reloj y éste la desvió.

Un simple reloj, que no era de colección, pero que era el que mi esposo debería llevar ese día fue lo que Dios usó para salvar su vida. Entendimos muy bien la lección: cuando Dios pide algo, es mejor obedecerle, pues Él siempre tiene una idea mejor.

Pastora Claudia de Castellanos

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