“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1).

Pablo pudo verdaderamente comprender las luchas que a diario libran los cristianos; él mismo hizo una maestría a lo largo de su vida, enfrentando toda clase de conflictos internos. Logró entender que la culpabilidad es el arma favorita del adversario, y con ella ha logrado derribar aun a los más fuertes.

Aunque el Apóstol amaba a Dios con todo su ser, notaba que había otra fuerza que trataba de doblegarlo, impulsándolo a hacer cosas incorrectas. En lo más agudo de su conflicto encontró la llave que lo liberó de su situación, fue cuando depositó su vida en las manos de Dios. Cuando el adversario regresaba a atacarlo, él simplemente decía. Mi vida está en las manos de Jesús y no me puedes condenar.

Al descansar en Dios recuperamos la auto imagen, nos aceptamos a nosotros mismo y podemos rechazar la imagen negativa que el adversario quiere traer a la mente. Descansar en Dios le permitirá vivir confiado y tranquilo, pues habrá logrado quitar un gran peso de su mente; esa voz acusadora que no le dejaba en paz ni por un instante. Ahora será guiado por el Espíritu Santo; las Palabras de las Escrituras traerán consuelo y guía. Además, gratitud fluirá de su corazón a Dios, por cómo en la Cruz Jesús llevó su aflicción y castigo. Sólo al contemplar la Cruz, verá como toda su angustia y dolor quedan allí con Jesús.

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15 AGOSTO · LA FUERZA DEL PERDÓN

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