Mientras estuvo en la tierra en forma humana, Jesús, el Verbo de Dios, usó ese cuerpo para destruir la maldición y para dar a conocer la bendición a todos la humanidad. Satanás se ensañó contra Jesús; pensó que destruyéndolo terminaría con Su obra. Al matar a Jesús simplemente exterminaba la enfermedad y la muerte; porque con la muerte de Jesús en la Cruz del Calvario se quitaron todos los argumentos que había contra la humanidad.

Jesús lo sabía; Satanás no. Por eso en la Cruz del Calvario antes de morir, dijo: “Padre, consumado es”. La muerte de Jesús se transformó en la mayor bendición para toda la raza humana. El Verbo de Dios nos dio la victoria en la Cruz del Calvario.

En el momento de la prueba, no hay palabra que pueda ayudar; ni la voz del amigo, ni los dichos de aquellos que nos aman, tampoco las voces de los ángeles lograrán hacer mella en nuestra vida. Cuando la herida está abierta solo habrá una palabra que nos dará medicina y es la palabra de nuestro poderoso Dios. Su palabra amorosa penetrará hasta lo más íntimo de nuestro ser y restaurará aquello que se encuentre afectado, quitará todo lo que nos estorbe y cerrará totalmente nuestras más profundas heridas.

“La conciencia es un preso bajo el poder de Dios; Él la retiene, sus grillos entran en la misma alma; lo hace con su Palabra, y verdaderamente Él es el único que puede encerrarla o soltarla; ni el mundo entero es capaz de abrir la puerta de hierro, soltar sus grillos y dejar al pobre preso en libertad, hasta que Dios dice la palabra”. George Swinnock.

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14 MAYO · LA CRUZ, OBRA PERFECTA

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