Un día mi suegro nos visitó en nuestra casa, su rostro tenía una expresión de preocupación, y no era para menos, venía de ver al médico y con los exámenes en su mano dijo: «Tengo cáncer». Sé que ninguna persona anhela escuchar esa palabra, pues es un decreto de muerte.

Más luego, con la actitud positiva que siempre lo caracterizó, nos dijo: “Estoy confiando en Dios y sé que saldremos adelante”. A la siguiente semana nos visitó nuevamente y comentó: “Le pedí al Señor que hiciera un milagro en mi salud y le rogué que me lo confirmara en Su Palabra. Recibí la misma palabra que el profeta Isaías le dio al rey Ezequías, que le prolongaría la vida por quince años más de vida”. A los pocos meses él ya no tenía ninguna secuela del cáncer, todo había desaparecido, pero exactamente quince años después de un momento a otro enfermó y en cuestión de muy pocos días partió a la presencia de Dios.

Cuando una persona sufre una herida requiere, inmediatamente, un antiséptico para evitar cualquier infección. Así como sucede en lo natural, ocurre en lo espiritual. Del mismo modo como una herida física no tratada debidamente produce infección, una herida espiritual o emocional carente de sanidad divina conduce a infiltraciones en el alma como la amargura, el odio, la venganza, la depresión, la soledad, la tristeza y otras consecuencias más.

Cuando usted da una palabra, se convierte en un decreto, puede ser confesar sus sueños, es decir, aquello en lo que cree y que anhela. Al confesarlo, está activando el reino espiritual.

Si alguien habla una palabra negativa, esa palabra activa la esfera espiritual demoníaca, libera a poderes demoniacos a que le persigan para que se cumpla todo aquello que se dijo. Y si usted declara las promesas de Dios, activa la esfera angelical que vendrá en su ayuda para que alcance todo aquello que desea dentro de su corazón.

Salomón dijo: “Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos de tus labios” (Proverbios 6:2). La declaración que usted hace, esa misma palabra, es la que lo compromete, sea una palabra positiva o una palabra negativa. Determine hablar aquello que lo edifique y lo fortalezca en su fe en Dios.

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13 SEPTIEMBRE · MANTENER SIEMPRE UNA BUENA ACTITUD

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