“El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz” (Juan 5:35)

En el año 1995, al visitar su iglesia en Corea, Dios me dio una visión. En ese momento sólo teníamos 1.200 células en nuestra iglesia. Dios me mostró al Dr. Cho corriendo, vestido con indumentaria de atleta y con una antorcha en su mano; era como una carrera de relevos. Corriendo llegó hasta donde yo estaba y me entregó la antorcha, entonces el Espíritu me dijo que esa era la antorcha de la multiplicación. Luego de esta visión, nos multiplicamos en células; de 1.200, en seis meses pasamos a 4 mil.

Una antorcha es una fuente portátil de fuego, se usa como fuente lumínica y por lo general se utiliza cuando se inician los juegos olímpicos, estas antorchas fueron introducidas por primera vez por Carl Diem responsable de los Juegos Olímpicos en 1936, desde esa época en adelante, la antorcha simboliza eso, es actualmente un típico emblema de iluminación, también de conocimiento y disciplina para todos los que están en esas Olimpiadas. Cada uno de ellos siente que al tomar la antorcha, al ganar una medalla de oro, bronce o plata, se está reconociendo que son personas destacadas, que salen del común, por su disciplina, talento, dedicación y porque serán ejemplo y modelos a seguir en el mundo entero.

Jesús refiriéndose al ministerio de Juan el Bautista dijo: “El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz”. (Juan 5:35).

Juan se había ganado el respeto aún de los líderes más radicales, todos lo tenían como un gran profeta de Dios, él fue consagrado al Señor y lleno del Espíritu Santo desde que estaba en el vientre de su madre. Se guardo para el Señor desde su niñez y con el tiempo fue creciendo en Dios, nunca comprometió sus principios. “Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados”. (Lucas 3:3)

Su mensaje llegó hasta todos los rincones de la tierra de Israel; podemos decir que la vida de él se había convertido en una poderosa predicación, a donde él llegaba todo se iluminaba, y las personas de diferentes estratos sociales empezaron a acudir a Juan para que los bautizara. A algunos de ellos Juan les decía: “Y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento”. (Lucas 3:7·8)

Orientó a las personas en su nueva vida diciéndoles: “El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo”.

A los publicanos les dijo: “No exijáis más de lo que os está ordenado”.

Y a los soldados les dijo: “No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario”.

También Juan tenía muy claro su ministerio, diciéndole a la gente: “Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará”. (Lucas 3:16·17)

Usted debe entender que en el mundo físico el contacto visual se da a través de la vista, pero en el mundo espiritual se produce a través de la fe. Dios le ha dado ojos espirituales para que pueda ver Su Reino, pero usted debe ejercitar esa visión.

Dios es Espíritu y solo por medio de la fe podrá ver lo que pertenece a Su Reino, es allí donde podrá ver: Milagros, sanidades físicas, restauración familiar y el desarrollo de su ministerio. Cuando sus ojos espirituales son abiertos, puede ver las cosas en un plano espiritual y que todo lo que Dios tiene para su vida es bueno, agradable y perfecto. Él puede suplir todas sus necesidades en el área emocional, física, familiar y ministerial.

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13 OCTUBRE · MEJORANDO LA VISIÓN

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