Que fácil puede ser para el ser humano el ser engañado por la apariencia externa. El pueblo de Israel ya lo había vivido con Saúl, que aunque era el más alto y atractivo de todo el pueblo, se sentía el más pequeño e insignificante, y su profunda inseguridad afectó su liderazgo. Ahora Dios previene a Samuel, para que no se equivoque en la elección del rey.

Al visitar el hogar de Isaí y estar reunido con toda su familia, el que aparentaba ser el elegido, fue el que Dios rechazó, y aquel que no fue tenido en cuenta por la familia, resultó ser el elegido por Dios. Tanto el padre como los hermanos de David pensaban que el servicio que prestaba a su padre ayudándole a cuidar las pocas ovejas que tenía era un trabajo de segunda categoría, mas para Dios era la mejor escuela de entrenamiento espiritual, a tal punto que el Señor le dijo al profeta Samuel: “No te dejes impresionar por aquellas cosas que para ellos son extraordinarias, porque para mí no lo son; ellos se guían por las apariencias externas mas yo me guío por el corazón y la persona que tiene un corazón correcto no está hoy como invitada a esta ceremonia”.

A ningún miembro de la familia de David se le había pasado por la mente que la persona más pequeña fuera a ser la elegida por Dios para reinar sobre toda la nación de Israel. En la casa, todos quedaron pasmados cuando el profeta dijo: “No tomaremos ningún alimento hasta que David esté aquí con nosotros”.

De inmediato cuando David entra, Dios le habla diciéndole que era el escogido y que debía ungirlo. Y desde ese día en adelante el Espíritu de Dios se manifestó en David. Todas las cosas transcurrieron de una manera tan rápida que no hubo tiempo de que la familia lo pensara. Dios había escogido a David porque había dispuesto su corazón para Dios como ningún otro, y Él se agradó tanto del joven que, a través del profeta Samuel, recibió la unción del Espíritu de Dios en su vida.

David siempre tuvo muy buena actitud en todo lo que hacía; no vio el cuidar unas pocas ovejas de su padre como algo insignificante:

  • Aprovechó el tiempo libre para crecer en su relación con Dios.
  • Desarrolló el talento de la música y el canto, que luego lo convirtieron en uno de los más grandes salmistas del pueblo de Israel.
  • Fortaleció su fe, pues aprendió a depender de Dios en todo momento.
  • Conoció los principios de la guerra al defender las ovejas del ataque de las fieras, y esto luego lo llevo a derrotar al gigante Goliat.

El Señor Jesús enseñó que la oración en privado será recompensada en público. Esto fue lo que aconteció con David; pues su fidelidad con la responsabilidad que su padre le había asignado, luego en su tiempo fue recompensada en púbico de manera extraordinaria.

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13 JUNIO · UN LIDERAZGO CORRECTO

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