“Y vio Sara que el hijo de Agar la egipcia, el cual ésta le había dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo Isaac. Por tanto, dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo”. (Génesis 21:9·10)

Sara le estaba hablando proféticamente a su marido, a tal punto que su mensaje logró confundirlo; no obstante, Dios la respaldó totalmente.

Esta misma enseñanza ha perdurado a través de los siglos, pues son muchos los que se acercan al Señor, sin comprender que son hijos, y por tal motivo se comportan como esclavos. Pablo escribió: “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Romanos 8:15).

Como podemos verlo en este pasaje, el esclavo es controlado por un espíritu de temor y no se siente, ni se sentirá, seguro aunque todos le den una fuerte muestra de amor. Mientras que quien recibe el espíritu de adopción, con confianza puede decirle cariñosamente a Dios “Papito”.

San Pablo habla de su posición en Cristo, diciendo: “Y si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria” (5). Lo que nos da el derecho de participar de la herencia celestial es la manera cómo nos relacionemos con Jesús.

Al decir “si ahora sufrimos con él”, estoy convencido de que se refiere a algo mucho más allá de sufrir persecución por nuestra fe, padecer necesidades económicas, o atravesar dificultades matrimoniales. Creo que el autor quiere remitirnos a la revelación de la Cruz.

Es importante entender que todas las riquezas que el Señor reservó para cada uno de sus hijos, están escondidas en Cristo y Dios nos las revela a través del Espíritu Santo.

declaracion13dic

versodic13

temasoracion6sept

13 DICIEMBRE · DE LA ESCLAVITUD A LA LIBERTAD

|

329 comentarios