“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Corintios 13:13). El Apóstol Pablo menciona tres áreas fundamentales que son temporales, pero que también tienen connotación eterna; habla de la fe, la esperanza y el amor. La fe es para hoy, la esperanza es para el mañana; puedo decir que la esperanza es la visión, la proyección que nosotros tengamos.

Muchos confunden fe con esperanza, y por ello algunos dicen: “Tengo fe que el Señor algún día me sanará”; “Tengo fe que algún día mi hogar va a cambiar”, “Tengo fe que algún día la situación económica va a mejorar”, eso es esperanza, la fe no es futurista sino actual. El Señor Jesucristo dijo: “Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:22·23).

Muchas oraciones que hacemos se pierden por nuestra duda. La fe siempre mira lo que Dios ha dicho y lo cree. Cuando usted ha elevado una oración acorde a Su Palabra, el milagro ya sucedió, aunque las circunstancias sigan diciendo lo opuesto. Usted debe determinarse a moverse en la dimensión de la fe. La esperanza está muy unida a la fe; podemos ver la esperanza a través de los ojos espirituales. Podemos ver un mañana mejor, pero la única manera de traer ese mañana al presente es a través de la sustancia de nuestra fe en Dios y Su Palabra.

Tiempo atrás me visitó la esposa de mi sobrino y, al verla caminando con muletas, le pregunté qué había pasado. Había sufrido un accidente y perdió el cartílago de su rodilla, por lo que nunca volvería a funcionar correctamente. Le compartí de la Palabra y la motivé en la fe. Luego le dije que se visualizara caminando ya que ella misma debía pintar cuadros de sanidad en su mente, donde pudiera verse sana por completo. Todo lo que logremos ver nítidamente con los ojos de la fe, pronto se convertirá en una gran realidad en nuestras vidas.

Cuando ya obtuvo la imagen clara en su mente, la desafié a doblar la rodilla en un acto de fe. En cuestión de segundos, el milagro se había producido; estaba saltando y corriendo tan perfectamente como lo hacía antes. Cuando regresó a los exámenes de rutina, tanto enfermeras como médicos se sorprendieron por el milagro que el Señor había hecho.

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13 AGOSTO · LA FE ME HACE DIFERENTE

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