13 DE JUNIO · UNA ACTITUD POSITIVA

Había tenido emergencias antes. Con mil horas de vuelo de experiencia es imposible no saber lo que es que algo salga mal. Pero nunca experimenté algo tan complejo ni tan salido de los procedimientos de emergencia como esto.

Iba a bordo de un P-3, un avión de 4 turbinas, cuando un sensor indicó que había un problema menor con una de ellas. Sabía que debía aterrizar para que lo revisara, pero no era algo preocupante.

Apenas tocamos la pista de aterrizaje, la turbina se detuvo completamente. No me preocupó, sabía que iba a demorarme más en frenar, aterrizábamos a una velocidad de 130 mph, y para llegar a cero, las turbinas funcionan en reversa para disminuir la velocidad. Pero antes de poder hacer cualquier cosa, otras dos turbinas fallaron al mismo tiempo. Quedé con una sola, y sin poder detener el avión, a la velocidad que iba, era cuestión de segundos antes de salirme de la pista y estrellarme.

Hicimos todo en nuestro alcance para detenernos, pero nada funcionaba. Los frenos de emergencia estaban operando en su máxima capacidad, pero con solo una turbina funcionando, el avión comenzó a desviarse. En medio de la desesperación rompí el cable que controla la dirección, la cual quedó bloqueada. Mi copiloto pensó que iba a morir, y honestamente, yo también.

De repente, escuché una voz que decía: “acelera”. Ningún procedimiento de emergencia dice que uno debe acelerar, así que saqué ese pensamiento de mi mente. Pero regresó: “Acelera”. De repente me di cuenta que era Dios quien me decía que acelerara. Hice lo que me dijo: coloqué toda la potencia en la turbina que aún funcionaba. Apenas lo hice, el avión regresó a la pista y pudimos detenernos, 60 metros después del final de la pista.

Ese día Dios salvó a trece personas. – Donald Seybold.

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