13 DE AGOSTO · ENFOCADOS EN LA MISIÓN

Charles T. Studd fue un misionero inglés que sirvió fielmente en China, India y África. Su lema era: “Si Jesucristo es Dios y murió por mí, ningún sacrificio que yo haga por Él es muy grande”. La sinceridad de este lema fue puesta a prueba varias veces durante su vida. Nació en el año 1860 en una familia muy adinerada en Inglaterra, creció y se convirtió en un excelente jugador de cricket, siendo capitán del equipo de su universidad y jugando partidos internacionales con el equipo de su nación. Después de su conversión, sintió el llamado de Dios a la nación de China a seguir los pasos de Hudson Taylor.

A pesar de la oposición de su familia, convencido de que seguía la voluntad de Dios, dejó su carrera, su nación e inició su obra misionera. Solía decir: “Algunos quieren vivir cerca del sonido de las campanas de una iglesia; yo quiero colocar una tienda de rescate a un metro del infierno”. Dos años más adelante recibió la herencia de su padre, aproximadamente 4 millones de dólares, y la entregó toda a ministerios misioneros, dejando un poco menos del 10% para su manutención. Muchos años más adelante, en el año 1910 y a la edad de 50, de vuelta en Inglaterra por problemas de salud, fue llamado a servir en la nación de África. Y a pesar de la orden médica de no hacer el viaje, se fue, dejando a su esposa y 4 hijas en Inglaterra. Sirvió al Señor a pesar de la debilidad de su cuerpo.

Perdió casi todos sus dientes y sufrió varios ataques cardíacos; ¡pero soportó la dificultad como un buen soldado de Jesucristo! En una carta que envió a casa, reflexionó acerca de estos tres eventos que marcaron su vida: “Como creo que se acerca mi partida de este mundo, tengo pocas cosas en las cuales gozarme; éstas son:

1. Que Dios me llamó a China y fui a pesar de la gran oposición de todos mis seres amados.

2. Que con gozo actué como Cristo le dijo al joven rico que actuara.

3. Que deliberadamente, siguiendo el llamado de Dios, cuando estaba solo en un barco en 1910, entregué mi vida para su obra, que a partir de ese momento no fue solo para Sudán, sino para todo el mundo inconverso.

Por lo tanto, mi único gozo es que cuando Dios me dio una obra para hacer, no me rehusé”. Un día de Julio en el año de 1931, C. T. Studd fue a casa para estar con el Señor que había amado y servido tan fielmente.

declaracion13agosto verso13agosto