En la antigüedad, Dios usaba a Sus siervos los profetas y a Sus apóstoles para escribir lo que Él les revelaba para Su pueblo y para las generaciones venideras. Después de la venida de Cristo, Dios empezó a usar un nuevo método para escribir Sus epístolas; comenzó a hacerlo a través de aquellos que habían decidido creer en Él y vivir de acuerdo con Su Palabra.

Dios mismo con Su Santo Espíritu escribió el evangelio; así como cuando en la antigüedad escribió en una tabla los diez mandamientos de la ley, también en nuestros días con Su puño y letra Él está escribiendo el mensaje de redención a través de cada uno de nosotros.

Lo que podrá convencer definitivamente a una persona de que es pecadora y que necesita un cambio en su vida, será el testimonio que vea en usted pues, para prestar atención a las palabras que se le digan, primero observará cómo usted vive. El milagro se produce cuando la Palabra de Dios llega a la mente del hombre y baja a su corazón. Lo único que hacemos es creer lo que Dios dice en Su Palabra y ese acto tan sencillo, pero a la vez tan poderoso, es lo que el Espíritu de Dios usa para escribir con Su propio dedo las verdades eternas en nuestras vidas. En la antigüedad, Dios escribió las tablas de la ley en piedra y luego Moisés, al ver al pueblo de Israel entregado a la idolatría, las rompió con el celo de Dios.

Sin embargo ahora Dios no está escribiendo el mensaje divino en piedra que pueda ser rota sino en corazones de carne; es decir, en aquellos que se enternecen con el consejo de Dios y tiemblan ante Su Palabra, que han rendido sus vidas en el altar del sacrificio y se ofrendaron ante Él en sacrificio vivo, santo y que de esta manera llegaron a agradar al Señor.

Son los que no viven para sí sino que viven para Dios. A éstos el Señor llama y separa, y entra en pacto con ellos. Como lo expresó a través del profeta Jeremías: “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31:33).

Debemos dejar que el Espíritu de Dios grabe las verdades divinas en nuestros corazones para que todos los que nos vean puedan leer el evangelio eterno que el Espíritu de Dios ha escrito allí.

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12 ABRIL · LA PALABRA DE DIOS ES ETERNA

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