12 DE NOVIEMBRE · UNA DECISIÓN VOLUNTARIA

Muchas veces se cree que el más fuerte es aquel que tiene su cabeza en alto, aquel que cree que todo lo sabe y no necesita de otras personas. He aquí una buena anécdota del famoso duque de Wellington: Durante la Guerra de Independencia española, planeó el Duque una acción guerrera en gran escala. Enviando a una ordenanza a su aliado, un general español, le rogó quisiera cooperar con él. El general, estimándola acaso demasiada atrevida contestó al enviado.

-No quiero comprometer mi dignidad ayudando a un plan tal. Y, con sorna, añadió: -A menos de que el Duque me lo rogase de rodillas.

Cuando Wellington lo supo, siendo práctico como buen inglés, fue a su encuentro y se arrodilló en su presencia humildemente, ganando así la ayuda del general, avergonzado por su humildad.

Esto es, precisamente, lo que cada pecador debe hacer, dejando todo su orgullo y vanagloria, cuando desea hallar en Cristo al aliado Salvador. Sólo aquel que se acerca al Señor con un genuino arrepiento es que encontrará paz y salvación para su alma.

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